¡Quién se iba a imaginar hace un par de décadas atrás que en el lapso de un año se fuesen a publicar en Venezuela 2 guías y 1 manual vinícolas!
Evidentemente, el mercado nacional del vino no sólo ha crecido sino cambiado. Es decir, se consume más vino y de un modo distinto al que estábamos acostumbrados. Incluso, se empieza a notar un cambio en la manera de ofrecerlo y servirlo.
A mi juicio, se trata sobre todo de mayor curiosidad e interés y no sólo sed (fisiológica o crematística), lo cual ha propiciado un conocimiento más cabal de su producción y de todo el enorme acervo cultural que ha generado a su alrededor, lamentablemente con algunos sesgos de injustificada autosuficiencia y no poca pedantería, tal vez inevitable.
Por eso, la Guía del Vino Venezuela 2008 debida a Vladimir Viloria que se halla en las principales librerías del país desde principios de año, impresiona tan favorablemente a quienes siempre hemos reclamado un pleno disfrute del vino sin complejos ni fatua enajenación cultural.
Su lenguaje es preciso y llano, como creemos debe ser para poder cumplir su función pedagógica en un país donde la mayoría de sus consumidores apenas se estrenan en este placer. El orden mismo en que se presentan los vinos en la guía privilegia aquellos con mayor presencia en nuestros anaqueles, por tanto los más conocidos y vinculados con la memoria gustativa de los aficionados venezolanos, hasta llegar a los productos de Bodegas Pomar, con cuyas notas de cata coincido casi del todo.
En suma, una guía que con la elegancia y claridad de su diseño termina cumpliendo completamente con los objetivos que persiguen las publicaciones de este tipo cuando escapan a la autocomplacencia y el exceso de vanidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario